The
MIT Enciclopedia of The Cognitive Sciences.
Traducción Realizada con fines exclusivamente
académicos
Por Hugo A. Segura Pujol
FONOAUDIÓLOGO
Magíster en Estudios Cognitivo / Ceril.2005
Comprender a los
demás es uno de los problemas humanos más
fundamentales.
Sabemos mucho menos, sin embargo sobre nuestra
habilidad para comprender a otras
mentes que lo que sabemos sobre nuestra habilidad
para comprender el mundo físico. La
rama de la ciencia cognitiva que se preocupa de
nuestra comprensión de las mentes,
propias y ajenas, se ha llamado 'Teoría
de la Mente', aunque quizás debería
llamarse "Teoría
de la teoría de la Mente". Involucra
teorización psicológica sobre nuestra
comprensión
ordinaria, intuitiva, 'folk' de la mente.
Varias disciplinas distintas han colaborado en
este esfuerzo. Los filósofos han
debatido sobre la naturaleza y origen de nuestra
comprensión de la mente, nuestra
PSICOLOGÍA FOLK, en profundidad. Los psicólogos
comparativos han explorado la
evolución de esta capacidad. Una teoría
actualmente prevalerte sobre la evolución
de la
cognición sugiere que la capacidad para
entender, y de esta forma manipular, a nuestros
conespecíficos fue la fuerza motora detrás
del desarrollo de nuestra inteligencia
distintivamente humana (Byrne y Whiten, 1988).
También ha habido un extenso trabajo
sobre la habilidad de los primates para comprender
estados mentales. Los trabajos más
recientes sugieren que esas habilidades son, como
mucho fragmentarias comparadas con las
habilidades humanas (Povinelli, 1996; Tomasello,
Kruger y Ratner, 1993; ver
COGNICIÓN PRIMATE). Los psicólogos
clínicos han propuesto que el trastorno
del
AUTISMO involucra un déficit en las capacidades
de 'Teoría de la mente'. Los psicólogos
sociales exploran nuestra comprensión de
aspectos de la mente, tales como las tendencias
de la personalidad (Nisbett y Ross, 1980). Los
antropólogos sugieren que las asunciones
fundamentales sobre la mente podrían diferir
entre las culturas (Shweder y Levine 1984).
La investigación más extensa sobre
'Teoría de la Mente', sin embargo, ha sido
del
desarrollo (ver Astington, Harris y Olson 1988;
Perner 1991; Wellman 1990) Los niños
parecen entender aspectos importantes de la mente
desde una edad sorprendentemente
temprana, posiblemente desde el nacimiento, pero
este conocimiento sufre una serie de
cambios con el desarrollo. La investigación
temprana enfocada en la comprensión del
niño
de creencias y realidad, y sobre el período
entre tres y cinco años de edad. Varios
cambios
significativos y correlacionados parecen tener
lugar en este lapso de tiempo. Wimmer y
Perner (1983) encontraron que los niños
de esta edad tenían dificultad para comprender
el
hecho de que las creencias podían ser falsas.
En un experimento, por ejemplo, los niños
veían una caja de dulces cerrada. Cuando
la abrían, resultaba que había lápices
dentro, en
lugar de los caramelos que ellos esperaban. A
los niños se les preguntó qué
creería otra
persona que hay dentro de la caja al principio,
antes de abrirla. Los niños de tres años
consistentemente dijeron que los niños
creerían que hay lápices en la caja.
Ellos no
entendían que la creencia de otra persona
podía ser falsa. Gopnik y Astington (1988)
demostraron que los niños cometen este
mismo error cuando se les pregunta sobre sus
propias creencias falsas inmediatamente pasadas.
Los niños dicen que ellos, también
creían
que habían lápices, igual que la
predicción que ellos hacían sobre
la otra persona, que
creería que en la caja habían lápices.
Flavell y sus colegas mostraron que los niños
de tres
años tenían un problema similar
para comprender la distinción entre apariencia
y realidad.
Por ejemplo a los niños se les mostró
una esponja pintada para parecer una piedra insistían
en que el objeto era una esponja y también
parecía una esponja (Flavell, Green y Flavell
1986). Finalmente, los niños a los tres
años también parecen tener dificultades
comprendiendo la fuente de sus creencias. En un
experimento, los niños aprendieron que
un objeto estaba escondido en un túnel,
tanto viéndolo, como sintiéndolo
o por que se les
explicó. Aunque los niños podían
identificar el objeto, ellos no podían
identificar cómo
llegaron a saber sobre él (O'neill y Gopnik
1991). Estos investigadores sugirieron que esos
desarrollos vinculados indican una nueva comprensión
del carácter representacional de las
creencias entre los tres y los cinco años.
Algunos estudios recientes sugieren que los primeros
signos de la comprensión de
las creencias falsas pueden emerger cuando los
niños ubican el problema en el contexto
de
su previa comprensión de deseo o percepción
(Flavell et. al 1990; Moses 1993; Gopnik,
Meltozoff y Slaugnter 1994), o cuando son confrontados
con evidencias opuestas a sus
visiones incorrectas (Mitchell y Lacohee 1991;
Bartsch y Wellman 1989), y ellos pueden
demostrar algún conocimiento implícito
de creencias antes de hacerlo explícito
(Clements y
Perner 1994). Sin embargo, esta comprensión
muy temprana parece ser, en el mejor de los
casos, frágil e incompleta en comparación
con el conocimiento robusto y coherente
demostrado a los cinco años.
Estudios más recientes han investigado
tanto un rango más amplio de edades como
un rango más amplio de estados mentales.
Hay evidencia extensa de que los niños
comprenden bien aspectos importantes sobre los
deseos antes de los tres años. Ellos
incluyen los hechos de que los deseos pueden ser
insatisfechos, que los deseos determinan
las emociones, e incluso que los deseos pueden
diferir entre distintas personas (Perner
1991; Wellman 1990; Wellman y Wooley 1990). Similarmente,
incluso niños de dos años y
medio parecen entender, por ejemplo, que dos personas
pueden ver diferentes cosas si
están en lados opuestos de una pantalla
(Masangkay et. al. 1974). Los niños de
tres años
también parecen entender aspectos importantes
de la simulación e imaginación,
y pueden
usar esta comprensión para hacer una distinción
general entre entidades mentales y físicas
(Harris y Kavanaugh 1993; Wellman y Estes 1986;
Wooley y Wellman 1990). Por ejemplo,
ellos comprenden que simular ser un conejo es
diferente que ser un conejo, o que un
juguete imaginario es privado e intangible mientras
que uno real, no. Bartsch y Wellman
(1995) han conducido extensos estudios sobre conversaciones
tempranas acerca de estados
mentales. Ellos han demostrado que los niños
entre 18 meses y tres años de edad no solo
despliegan esas habilidades en tareas de laboratorio,
sino que espontáneamente explican la
acción humana en esos términos y
cambian desde las explicaciones de deseos hacia
las de
creencias.
A medida que estudiamos infantes cada vez menores,
se hace más difícil estar
seguros de que ellos están haciendo adscripciones
genuinamente mentalistas a los demás.
Los estudios de la IMITACIÓN infantil (Meltzoff
y Moore (1977) sugieren que hay
vínculos innatos entre la percepción
infantil de las acciones de los otros y su percepción
de
sus propios estados kinésicos internos;
los neonatos que ven a otra persona producir un
gesto en particular producirán ese mismo
gesto (Meltzoff y Gopnik 1993). Similarmente,
los infantes muy pequeños muestran especial
preferencia por las caras humanas y sus
voces, y se involucran en interacciones comunicativas
complejas no verbales con otros
(Trevarthen 1979). Alrededor de los nueve meses,
los infantes comienzan a seguir la mirada
de los otros y a señalarles objetos (Butterworth
1991). En la conducta conocida como
"referencia social", los infantes que
son enfrentados con una situación ambigua
se giran
para revisar la expresión facial del adulto
y regular sus acciones de acuerdo a esto (Campos
y Sternberg 1980). Esas habilidades muy tempranas
sugieren que hay un componente
fuertemente innato en nuestra "teoría
de la mente".
Sin embargo, otros aspectos de nuestra comprensión
de la mente no parecen estar
en su lugar hasta bien pasados los cinco años
de edad. Por ejemplo, aunque los niños
comprenden las EMOCIONES en una etapa muy temprana,
ellos solo comprenden la
diferencia entre la emoción real y la expresión
emocional alrededor de los seis años de
edad
(Harris 1989). Similarmente, la comprensión
del carácter inferencial de la mente parece
ser
bastante difícil. Los niños que
pueden entender casos simples de las tareas de
creencia falsa
aún tendrán dificultades cuando
las preguntas involucren interpretaciones múltiples
de
estímulos ambiguos o fuentes de información
más complejas (Chandler y Helm 1984;
Taylos 1988; Wimmer, Hogrefe y Sodian 1988). Finalmente,
los niños parecen comprender
hechos fundamentales sobre la fenomenología
consciente, tales como la existencia del
"caudal de la consciencia" a una edad
sorprendentemente tardía. Los niños
de seis años,
por ejemplo, reportaban que la gente podía
conscientemente decidir si girarse en medio de
un sueño profundo, o por otra parte, que
una persona que estuviese despierta, pero
completamente quieta sin hacer nada, dirían
que no tiene pensamientos o experiencia
interna en absoluto (Flavell, Green y Flavell
1995).
Como siempre, en psicología del desarrollo,
tenemos un mejor sentido de cuando
ocurren varios desarrollos que de los mecanismos
que subyacen a esos cambios. Se han
propuesto varias explicaciones diferentes de esos
mecanismos subyacentes en la literatura
(ver Carruthers y Smith 1995). Leslie (1994) y
Baron Cohen (1995) han sugerido que los
desarrollos reflejan la maduración de un
módulo innato de teoría de la mente,
por analogía
con teorías modulares similares del lenguaje
y la percepción. De hecho, en la visión
de
Leslie, varios módulos diferentes maduran
en sucesión. Harris (1991) ha argumentado
a
favor de una teoría de "simulación"
de muchos desarrollos de teoría de la mente.
En su
perspectiva, los avances en la comprensión
de la mente reflejan una habilidad en aumento
para simular o imaginar las experiencias de los
otros. Dunn sugiere que la socialización
y la
interacción pueden jugar un rol crucial
en el desarrollo de la teoría de la mente
en los niños
(Dunn et. al. 1991). Apoyando esta visión,
hay evidencia de que los hermanos menores
tienen una teoría de la mente más
avanzada que los hermanos mayores (Perner, Ruffman
y
Leekam 1994) y también hay evidencia de
que las conversaciones de los padres sobre
estados mentales influencian la comprensión
mental de los niños (Dunn et. al. 1991).
Probablemente la visión más ampliamente
sostenida, sin embargo, es la que ha sido llamada
"la teoría de la teoría"
(Perner 1991; Wellman 1990; Gopnick 1993; Flavell,
Green y Flavell
1995). Originalmente avanzada en la filosofía
(ver SIMULACIÓN v/s TEORÍA -
TEORÍA) esta visión es también
parte de un enfoque teórico más
general que explica el
DESARROLLO COGNITIVO de los niños por analogía
con el cambio de teorías
científicas (Carey 1985; Gopnick y Meltzoff
1997; Wellman 1990). En esta visión, los
niños
desarrollan una serie de teorías de la
mente que ellos usan para explicar su experiencia
y la
conducta propia y ajena. Al igual que con las
teorías científicas, esas teorías
intuitivas o
inocentes postulan entidades y leyes mentales
abstractas coherentes y proveen predicciones,
interpretaciones y explicaciones. Esas teorías
cambian a medida que el niño confronta
evidencias en contra, acumulan nuevos datos y
ejecutan experimentos. Una consecuencia
de esta visión es que la doctrina filosófica
de la autoridad de primera persona es incorrecta;
nuestro conocimiento de nuestras mentes es tan
teórica como el conocimiento de las
mentes de los otros. Más ampliamente, la
investigación reciente sugiere que la evidencia
empírica de la psicología del desarrollo
podrá ser traída para aclarar problemas
clásicos de
la filosofía de la mente.
Ver también CAMBIO CONCEPTUAL; HIPÓTESIS
DE LA INTELIGENCIA
MAQUIAVÉLICA; NATIVISMO; ACTITUDES PROPOSICIONALES.
- Allison Gopnick
Referencias y Posteriores Lecturas
Martín
de Zamora 4602 Las Condes - Santiago - Chile Fonos 206.06.72 -
228.49.76 Fax 207.18.92 ceril@ceril.net